Desperdicio de energía

¿Ya has pensado en cuanta energía desperdiciamos al preocuparnos con tantas cosas que “podrían suceder”? Tanta presión arterial alta, tanto nerviosismo por la busca de soluciones, hacen que nuestra cabeza gire como una rueda en el barro, patinando sin salir del lugar. La preocupación es siempre un recuerdo de la debilidad de nuestra fe en Dios. Cristo ya solucionó el mayor problema, la muerte eterna. Por lo tanto, podemos entregar nuestras preocupaciones a Jesús. ¡Confía en Él! Él ya hizo lo necesario para que podamos vivir en paz con Dios y tengamos fuerzas para enfrentar las dificultades.  

Oremos: Señor, líbrame de las preocupaciones y ayúdame a superar mis problemas. Amén. 

“Mirad las aves que vuelan por el cielo: ni siembran ni siegan ni almacenan en graneros la cosecha; sin embargo, vuestro Padre que está en el cielo les da de comer. Pues bien, ¿acaso no valéis vosotros más que las aves?” Mateo 6:26.