Dios nos llama hijos

Muchos pueblos indígenas esculpen sus dioses con facciones severas y vengativas. Son coherentes en su comprensión de cómo debería ser Dios con relación a la humanidad. Después de crear un mundo maravilloso, crear el ser humano para vivir en él, Dios recibe a cambio la ingratitud y la desobediencia. Pero el Dios verdadero es distinto y superior. Su amor es infinito. Su bondad no tiene fin. Tendría motivos para despreciarnos, castigar y condenar, pero en vez de eso nos llama sus hijos. En Jesús, Él ofrece salvación a todas las personas. Él perdona nuestros pecados y nos acoge como Sus hijos.

Oremos: Bondadoso Dios y Padre, nosotros te agradecemos porque, por Tu gran amor, nosotros podemos ser parte de Tu familia, en la cual Tu eres el Padre y nosotros somos Tus hijos. Concede que podamos vivir como hermanos. Amén.

“El Señor es tierno y compasivo; es paciente y todo amor” (Salmos 103:8)