Dolor de la tristeza

Cuando uno tiene la vida invadida por la tristeza, el dolor es muy grande. Ella se encierra dentro de nuestro pecho, y nos quedamos víctimas del sufrimiento. Se tiene la sensación de que nadie más conseguirá derribar las puertas de nuestro corazón para entrar con un poco de alegría. Esto, con certeza, tendrá que ser hecho por alguien mucho más fuerte que nosotros, y mucho mayor que la tristeza que sentimos. El mensaje del Cristo victorioso es lo único que podrá derribar las cerraduras puestas por la tristeza en nuestro corazón. Esto debido a que Cristo probó el dolor extremo en su lucha por rescatar todos los pecadores. Por peor que nos parezca la desgracia, tenemos el consuelo de que nuestro amigo Jesús pasó por algo mucho peor. Él soportó todo, únicamente por nuestra culpa, y solamente para resolver nuestro problema.

Oremos: Ayúdame Señor, a superar los sufrimientos y tribulaciones que insisten en aparecer en mi camino. Sé que sin Ti no lo conseguiré. ¡Ayúdame! En el nombre de Jesús. Amén.

“Pero Dios es tan misericordioso y nos amó tanto, que nos dio vida juntamente con Cristo cuando todavía estábamos muertos a causa de nuestros pecados. Por la bondad de Dios habéis recibido la salvación.” (Efesios 2. 4,5)