Llega la alegría

Muchas veces nosotros estamos desanimados, tristes y no encontramos nadie con quien desahogar nuestras tristezas y dolores. Pero no debe ser motivo de desánimo. Por la fe en Cristo, nuestro Salvador, tenemos siempre acceso al hombro del Padre Celestial quien quiere que derramemos nuestro espíritu delante de Él en oración. Creyendo en Su Palabra, la tristeza desaparecerá, y el consuelo, el alivio y la alegría llegarán. Y nosotros también podemos ofrecer nuestro hombro a aquellos que están solos y tristes. Mostremos a esas personas el Camino, que es Jesucristo. Solamente Él comprende los problemas y, en Su gracia, tiene la solución para todo.

Oremos: Padre Celestial, gracias por el hombro amigo que siempre tenemos en Ti, especialmente en los momentos de tristeza por los cuales pasamos. Dame siempre también la voluntad para auxiliar aquellos que necesitan de ánimo y alegría. En el nombre de Cristo te agradecemos y pedimos. Amén

“Alegraos siempre en el Señor. Os lo repito: ¡Alegraos!” (Filipenses 4:4)