No a la explotación

Vivimos en un país donde muchos tienen muy poco y muy pocos tienen mucho. Existe un enorme abismo de desigualdad social. La distribución de la renta es cruel. Hay muchas personas ricas que viven demasiado preocupadas única y exclusivamente consigo mismas y con sus riquezas, no se importan con el pobre que sufre. Es nuestro deber como cristianos denunciar las injusticias, la corrupción y la explotación social. No podemos callarnos delante de los que sufren por la prepotencia y arrogancia de algunos. Es necesario luchar, empezando por nosotros mismos. Siguiendo el ejemplo de Cristo que denunció y enfrentó tales personas, insistamos hasta que lleguen al arrepentimiento verdadero y confíen en Jesucristo. Así tendremos una sociedad más justa, menos corrupta y menos explotadora. El amor de Jesús considera al prójimo y comparte con el necesitado. Adonde está nuestro tesoro, allí también estará nuestro corazón. Que nuestro tesoro sea Cristo, su amor, su gracia, su perdón y salvación.

Oremos: Padre, tu eres nuestra mayor riqueza. Utilízanos como instrumentos tuyos para que tengamos justicia, paz y amor. Por tu gracia y misericordia te lo pedimos. Amén.